El placer de parar

Fever

Tengo un catarro que me mantiene encerrada en casa con un pañuelo en una mano y un caldito caliente en la otra.
¿te has tomado algo? es una pregunta recurrente de los que me llaman por teléfono y escuchan mi voz nasal entrecortada.

-No, no tomo medicamentos.
-Hombre, pues te haría sentirte mejor…
Bueno, pues no es que me guste estar mala pero un constipado y unos pocos mocos me parecen en el peor de los casos una suerte. Me dan la oportunidad de parar, meterme en la cama y dejarme cuidar y mimar.
No siento que el mundo no pueda funcionar sin mi presencia y aprovecho que no soy indispensable para meterme bajo la manta y disfrutar un ratito de la radio o de una cabezada.

Entre estornudo y estornudo me doy cuenta de que soy vulnerable y que necesito de los demás, que hay tiempos para el no hacer y para dejarse querer (gracias mylove).

Un sobre me pondría en un plisplas a producir y consumir pero mi cuerpo me pide un descanso y yo se lo doy.

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