sensaciones
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Agosto III

Duro. Muy duro. Ser espectadora del dolor y sentir cómo se  parte el corazón al ver sufrir a personas que quieres es muy duro.

Duele mucho saber que el dolor no es  ni una décima parte de lo que le siente  tu amiga.

Respirar y sentir se hace cuesta arriba cuando alrededor no hay más que tristeza, tristeza, tristeza… y todo esto sucede en medio de un circo costumbrista que no hay dios que lo entienda.

Estoy hablando de la muerte y de la despedida. Mientras los más allegados se debaten entre desaparecer del mapa o permanecer presentes, el resto circula alrededor del muerto con el único fin de saciar sus propias necesidades.

Son muy pocos los que se presentan solo con las ganas de ACOMPAÑAR EN EL SENTIMIENTO y muchos los que necesitan estar allí para sentirse mejor con ellos mismos, para contagiarse del dolor de la viuda y sentirse reconfortados en el suyo.

Hay quien se presenta con las manos vacías y la boca llena de palabras sin sentido, innecesarias, que duelen al rozar las mejillas.

Hay quien necesita oir los detalles morbosos de los últimos minutos de la vida del que ya se ha ido. Hay quien aparece como el que va a los toros “para que lo vean” y no le importa ponerse delante del muro del dolor para gritar”¡¡Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí!!”

Mientras, los familiares se dejan besar, sobar, manosear, se entregan al duelo de no ser ACOMPAÑADOS sin más, escondidos entre lágimas, dopados, privados del derecho a sentirse morir un poco también ellos.

Creo que el SILENCIO es un gran compañero y que debería estar MÁS  presente en el duelo. Para dar espacio al dolor, a la tristeza, al sufrimiento infinito.

Siento que sería más sano permanecer en silencio, a la escucha de los quejidos del alma, los que salen de dentro, de los sollozos, de los mocos, de los pies arrastrándose en el suelo, del ataud entrando en el nicho, de la paleta rozando el cemento… A la escucha del ADIOS infinito, del ADIOS eterno.

Amiga, Te ACOMPAÑO en el sentimiento.

2 Comments

  1. Rocío says

    ¡Ay, qué poco acostumbradas/os estamos a la muerte, al duelo y al acompañamiento!
    ¡Cómo vamos a saber comportarnos ante una persona que sufre una pérdida si no queremos saber nada de la muerte!? En nuestra sociedad se esconde todo lo que tiene que ver con la muerte o lo que nos recuerda a ella, como la vejez. Todos los anuncios se basan en personas jóvenes, vivas, que no piensan en morir porque es algo que todavía les queda lejos. Nos hemos inventado unas cuantas frases hechas para no tener que enfrentarnos a ese silencio y al dolor que rodean a la persona doliente, las decimos rápidamente y nos alejamos lo más rápido posible no vaya a ser que nos salpique. Y aunque nos acerquemos honestamente, con ganas de ayudar, no sabemos. No se nos enseña, no se nos permite pensar en ello, hay miedo, mucho miedo…
    Tienes toda la razón, un roce, una caricia, un abrazo, un apretón, un “aquí estoy” mudo…es mucho mejor que cualquier cosa que podamos decir.

  2. Se nos olvida que la muerte es una parte de la vida y eso lo hace todavía más difícil…
    un beso Rocío

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