No soy de aquí, ni de allá…

No nací donde me crié, no me crié donde nací

y no vivo donde me crié.

Mi vida está dividida por lugares y en mis visitas a estos lugares visito también una parte de mi vida. En cada sitio tengo un nombre diferente: Maritere, Tere, Teresa, May.

Vengo de hacer uno de estos viajes que revuelven por dentro y por fuera.

Cada vez que voy al pasado me hincho como una pelota. No voy a negar que el jamón, las cañas y las comilonas familiares no tengan nada que ver con estos kilos pero además siento que, cuando viajo al pasado de mi vida, necesito protección y como el pez globo,  me hincho.

El pasado me devuelve una imagen de mi misma que no reconozco hoy en día pero que está latente en alguna parte de mi.

De este viaje en el tiempo me traigo un puñado de frases machistas que me han calado hasta los huesos y no he podido rebatir en el momento.

Si hubiese ocurrido en mi casa, en el presente,  seguro que habría saltado una contestación rápida o ni siquiera la hubiese escuchado, al suceder en una parte de mi pasado no me ha resultado tan molesta como para rebatirla.

Afortunamente, sí han quedado resonando en mi circuito neuronal y me están dando que pensar estos días. Mientras depuro las cañas y como de forma saludable la hichazón desaparece a la vez que van saliendo también los principios anticuados:

“No, no está bien que te vayas y dejes a tu marido con tus hijas”*

“No está bien que salgas una noche y te diviertas tú sola”*

“Se puso como un loco cuando se enteró que me había comprado ESTO con mis ahorros”*

“Un hombre no es capaz de atender a sus hijos él solo”*

“Ellos son más nobles, nosotras somos malas”*

“Tu vida famililar peligra cuando aceptas un puesto  directivo”*

Reconocerme en estas frases me duele infinito. Yo la feminista, la independiente, la que se ha casado con ella misma, la que toma todas las decisiones en su vida tengo un pasado machista que no me deja crecer del todo en el presente.

Solo escuchando estas frases que me encadenan al pasado

puedo liberarme en mi presente y sentirme una igual.

NOTA: las frases marcadas con un * las he escuchado con mis propios oídos de otras mujeres de edades comprendidas entre los 30 y 45 años

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