Entreno. Día 16.

Lunes.

Por la mañana clase de voz. Para colocar la voz tu cuerpo tiene que estar muy bien colocado. La respiración debe ser completa y el aire encontrar huecos libres donde resonar. Por eso la primera parte de la clase la pasamos recolocándonos, estirándonos, centrándonos. Cuento esto porque ese “estar centrada” es lo que busco todo el tiempo, en la vida y en mi cuerpo, es lo que busco cada día que salgo a entrenar. Estar en mi centro y que todo el movimiento salga de ahí.

Hoy toca ES CA LE RAAAAAAAAASSSSSS

603 escaleras. 603 escaleras. Trato de no pensar en ello durante la mañana y a medida que avanza el día veo que no voy a “tener tiempo” de entrenar hoy.

Al fin y al cabo está mi hermana y quiero atenderla y estar con ella. Puedo ir después de comer mientras descansan, pero también puedo dejarlo para mañana y punto,¡oye! que tampoco tengo que ser tan estricta con los horarios y los planes y bla bla bla.

Las 5. Me voy a entrenar. La VOZ me dice que él también viene. Vale.

Salimos de casa. Encendemos nuestros “coachs cybernéticos” y nos despedimos. Cada uno emprende su entrenamiento por separado.

Estoy muy orgullosa de esta parte. No pongo en él la responsabilidad de hacer o no hacer deporte. YO decido que salgo y él se apunta. BIEN. No intento ir a su ritmo ni él al mío. Cada uno hace lo que más le conviene.

He intentado ser una pareja de esas que veo en las TV movies que entrenan juntos y para mí es imposible. No puedo seguir su ritmo, por mucho que lo intente y él no puede seguir el mio tampoco.

Todo esto que parece de perogrullo, para mí no lo es o, mejor dicho, aunque lo sabía, una retaila ancestral de pensamientos románticos y peliculeros me hacía pensar que debía hacer todo lo contrario: las parejas que se quieren entrenan juntas y lo hacen todo juntas.

Y ahora lo veo desaparecer y me siento muy bien.

Música ON

Llego a la primera tanda(110) y la subo sin problemas (ejem el último trecho me hace temblar las piernas) Avanzo con firmeza. Se nota todo el trabajo de la mañana porque me noto que ando más recta. Me cuesta menos trabajo avanzar, llevo bien la respiración e intento no pensar en todo lo que me queda por delante.

Segunda tanda de escaleras: Las torres de Isozaki(91). Pongo el pie en la primera y no miro hacia arriba, pienso en cada uno de los escalones como uno sin más.

Primera vuelta controlada. Vamos a por la segunda. Emprendo las escaleras de la torre del Gugen y pienso en la forma de hacer trampa. Me recrimino a mi misma que  sería terrible hacer trampa mientras pienso que nunca nadie lo sabría… pero yo sí y blablabla.

¡Qué pesada! Mientras,  hago lo que tengo que hacer: subir escaleras.

Esto me pone en alerta en cómo a veces por un comentario de otra persona dejo de hacer lo que quiero hacer.

Un simple “pero tu que te has creído” me puede sacar de mi camino sin yo darme cuenta, abandonar, coger el ascensor y acortar la vuelta…

También me doy cuenta que el oír comentarios malintencionados sean desde mi cabeza o desde el exterior no tienen porque SACARME de mi tarea.

Llega la 3ª vuelta. Recibo un whatsup de ánimo de mi entrenador ¿me estará vigilando por video cámaras?

Subo, subo y subo. No es para tanto. Nada es para tanto. Saber esperar al momento justo y mientras hacer lo que tengo que hacer. PUNTO.

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Me voy a casa a la velocidad de una tortuga.

Amorcitos: 1

Señores durmiendo la siesta al sol: 2

Chicas sonriendo de oreja a oreja:1

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2 thoughts on “Entreno. Día 16.

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