Luz Roja

Se encendió la luz roja y la locutora se preparó para hablar.

Tenía todos los datos escritos en sus notas, un montón de folios desordenados. Había estado toda la noche trabajando, recopilando datos, redactando la noticia, quería deslumbrar a su jefa. Sabía que estaba en el punto de mira. Sabía que era observada con lupa. Era su gran oportunidad.

Entró la música de cabecera, la había escuchado un millón de veces desde la mesa de redacción, cada vez que la oía se imaginaba frente al micrófono, dirigiendo el programa. Cada programa era un pasitto haca delante. Todos los dieces de la carrera, el master, los años de becaria, los de redactora, los cursos de locución y ahora ¡por fin! sería directora, ¡directora de su propio programa!. Se sabía la melodía de memoría, por su cabeza pasaba un pentagrama mental donde flotaban las notas, junto a todas las horas que había trabajado para llegar hasta aquí. Siempre demostrando que era la mejor.

La técnica de sonido alzó la mano. Ella respiró. El aire frío entró por sus fosas nasales, recorrió todo el camino hasta los pulmones, las costillas se abrieron para dejar sitio, el abdomen se hinchó, el suelo pélvico cedió un poquito y cuando abrió la boca para expulsar el aire en forma de palabras nada pasó.

Nada salió de su boca. Sus labios en forma de B incapaces de emitir sonido.

Sus ojos abiertos de par en par. Su garganta cerrada a cal y canto.

El miedo se apoderó de su respiración. Por más que lo intentaba no sucedía nada.

La técnica al otro lado del cristal preguntaba con la mirada y ella callaba.

De repente, en medio del pantano de pánico una islita de tranquilidad. De repente, ese silencio pesado que la estaba hundiendo se convirtió en un maravilloso colchón en el que descansar. De repente, las ganas de callar se convirtieron en ganas de salir corriendo, de repente los folios volando por al aire, de repente un NO PUEDO MÁS, de repente toda la tensión acumulada convertida en kilojulios de energía para correr más rápido que nunca, para llegar más lejos que nadie, para sentirse libre.

Abrió la puerta, sin importarle la luz roja y salió disparada escaleras abajo.

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